Fue un 28 de Junio como a las 10 de la noche que dicen que nací, ella, mi madre, dicen que estaba inquieta, porque se decía; Que el niño que iba a nacer, era algo especial, ¡que no debía de nacer!, Ya que no sé sabia con exactitud... desde aquel día en que la luz grande bajo del cielo, que algo extraño había pasado para que ella quedara embarazada... mi padre sonreía de los cuchicheos de la gente y mi madre lloraba la ignorancia aun de su propia familia.
Se alumbro en la madrugada de ese día, con la antorcha de un ocote resinoso y salió a la cocina a preparar la merienda de mi padre, pero antes, vio sus ojos en el espejo del baño... se aliso el cabello y se paso las manos por la falda para ajustarla a su vientre voluminoso, se dijo un verso en agonía y se pinto los labios de carmín claro, sonrió, y se dijo que era bella... en verdad era bella, muy bella.
--Creo que hoy es el día-- le dijo a mi padre.
--esperemos que todo salga bien-- contesto el hombre de aspecto europeo
La mezcla parecía extraña. Él, arrogante alto y rubio. Ella, morena, bajita y Xinca pura, con unos ojos tiernos, hermosos y profundos que reflejaban solo alegría y vida en lo profundo, mi padre decía que fueron esos ojos los que le cautivaron.
--Cuando la revolución triunfe saldremos adelante-- decía mi padre
--Con un gobierno del pueblo, dejaremos esta pobreza y viviremos como seres humanos, no como estamos por culpa de esta maldita oligarquía que nos esta llevando a una esclavitud sin limites.--
Mi padre se ponía efusivo hablando de los logros del partido revolucionario, de las tareas para sacar al campesinado adelante, de los salarios decentes, de la salud y la educación de un pueblo que parecía haber nacido para ser esclavo y luchar día tras día con la cerviz agachada y sin ambiciones de ninguna clase, mi madre lo escuchaba con mas desesperanza que otra cosa... ella confiaba en el, pero la familia necesitaba comer, vestirse... educarse.
Ella lo vio salir con la mochila al hombro y la 38 especial en la cintura, dentro del bastimento llevaba tiros del 38 como para defenderse mucho tiempo en una refriega... tamales de viaje y frijoles era todo lo que llevaba para comer y más sin embargo el hombre salió con decisión a aquella batalla que se suponía le dejaría lo necesario para mejorar no solo a su familia, si no también a todos los que estaban poblando las zonas agrestes del oriente guatemalteco.
La cadena de pares impares empezó esa mañana a mover su engranaje oxidado, mi madre recibió esa mañana la visita de su madre. Ella, mi abuela siempre hablaba con el ceño fruncido y parecía que le tenia rabia a mi madre, le hablaba solo para corregirla e insultarla, yo nunca entendí a mi abuela y nunca sentí el menor cariño por ella ¡Era una vieja brava e hipócrita!, Le estaba gritando mil insultos a mi madre cuando sonaron los primeros balazos.
--Virgen santísima! Ya vienen los guerrinches!.-- dijo la abuela
--Viste? Es lo único que nos trajo el viejo estúpido de tu marido!--
--No te das cuenta bestia, que tu abuelo es ¡Capitán! Y esta a punto de ser ascendido a coronel, solo imagina ¡El coronel Antolin Gonzáles! Estúpida, y ese viejo loco de tu marido haciéndole la guerra a el, ¡A tu abuelo!--
Mi madre permanecía inmóvil... sus ojos lloraban por dentro y su mente muy alejada de aquella sarta de tonterías de mi abuela, ella solo pensaba en su hombre y en las balas disparadas... que dieran donde sea, menos en el cuerpo de el... se le rompió la fuente, mi abuela ni se inmuto y salió de la casa, mi madre llamo a mi hermano mayor y le dijo que fuera a llamar al Adrián, el hombre de la ambulancia, para llevarla al hospital y ese día nací... nací entre ruido de cañones y balas.
Dice mi padre que después de esa refriega en la que murieron varias personas del pueblo entre ellas el taxista oficial y el hijo de la enfermera, él conoció a alguien que llegaría a ser un icono en las luchas revolucionaras de los pueblos oprimidos, dice que cuando lo vio parecía ser un ser débil... con mucha tos y que no parecía lo que llego a ser, estrechó su mano y se tomaron una foto en blanco y negro.
--Que sos alto che-- le dijo el hombre aquel a mi padre
--Déjame ayudarte pibe, pero antes ayudemos a Chepe, ese si parece estar mal herido—
Don José Olivetti era el hombre que había enrolado a mi padre en el movimiento del cual mi madre siempre renegaba, era un intelectual de pueblo y con mas huevos que todo él ejercito corrupto de Guatemala junto y fue gracias a el, que el “Che” como le decían a aquel argentino medio raro y de mirada penetrante que mi padre hizo amistad con el y se tomaron esa foto juntos que mi madre guardaría muy celosamente en el cofre de sus secretos por el resto de sus días... siempre le agrado el argentino ese con cara de niño, sonrisa triste y carácter de demonio.
El abuelo de mi madre fue ascendido a Coronel, entre él y el general asesino de aquellos tiempos fue llevada a cabo una campaña de exterminio por todo el oriente guatemalteco de forma feroz y sistemática, todo el departamento de Jutiapa fue arrasado de manera vil y miles de inocentes murieron bajo la consigna de que eran guerrilleros y cochinos comunistas... entre tanto yo iba creciendo poco a poco, las facciones duras, varoniles y simpáticas de mi padre se iban acentuando en mi rostro de una manera alarmante y se decía que yo era una fotocopia viviente de el, ¡sin mas ni mas!.
Un día mi padre dijo que se retiraba de la lucha... que se dedicaría a su familia y que quería, por un tiempo, vivir en paz, mi madre cocino la gallina más grande del gallinero y compro licor del bueno, sus ojos tristes se le volvieron enormes y con luz de alegría, pero el destino cruel y sin prisa cobra sus victimas cuando ya las ha seleccionado para que vivan con violencia.
¡Maldita violencia! ¡Maldita pobreza!
Un día llego don Chepe a la casa y le dijo a mi padre que lo acompañara a la capital a traer repuestos para el taller, mi padre no se negó, y a mi madre se le ensombreció el alma cuando mi padre le dijo que estaba bien... que le acompañaría...
--No tengas pena vieja, el viejo guerrillero ya hace tiempo que murió-- dijo mi padre.
El viejo guerrillero... el viejo guerrillero, esas palabras quedaron bailando en mi cerebro de apenas 9 añitos y fracción, recuerdo, que mi abuela llego ese día a la casa como cosa rara, con el carácter alegre y dos bolsas repletas de pan recién horneado e hizo algo que nunca había hecho, pregunto por ¡el viejo guerrillero!. Mi madre, creo que presintiendo algo inicuo, cogió el balde de ropa para lavar y salió al patio a hacerse la desentendida.
Dice mi madre, que antes de partir aquella mañana, mi padre le dijo, que deseaba que yo creciera rápido, para ponerme un fusil en las manos y todas sus ideas revolucionarias en mi cabeza y acariciando mis bucles dorados, dice que dijo, que un día llegaría a decir con valor y ante el mundo, las pobrezas de espíritu de mi patria.
El Jeep Willis descapotado y mas destartalado que una casucha de invasor daba tumbos en la ruta que hacia 116 kilómetros de Jutiapa a la capital... nadie les persiguió y nadie hizo el menor indicio de que les fueran a hacer algo al par de viejos con fama de huevudos en aquellos lares donde había que hacerse un respeto a balazos, y no había forma de hacerse entender, pero también eran hombres pensantes y sumamente astutos prueba de ello es, que vivían en el pueblo, a pesar de que medio mundo sabia de que eran lideres de la guerrilla y el ejercito los vigilaba constantemente.
Llegaron a la capital, compraron lo que debían y emprendieron el regreso sonriendo y platicando de miles de situaciones jocosas que habían vivido, recordaron al Pibe aquel ¿cómo le decían? Ah si “El Che” era bravo el medico revolucionario aquel, se dijeron, aunque no sabían que rumbo había tomado, lo recordaban bien por la ayuda que les brindo en aquella refriega donde pensaron que habían ganado la guerra y solo fue una simple batalla. “En Guatemala se puede vivir y sentar buenos precedentes revolucionarios” había dicho el tipo aquel que desbordaba optimismo.
El ascenso por la cuesta de la “Conora” era lento y el jeep parecía quejarse del esfuerzo que hacia, empezaba a oscurecer y los dos hombres sabían que en al menos media hora estarían entrando a sus casas, las balas asesinas salieron de aquellos fusiles que acabaron con la vida de don Chepe y mi padre... nadie nunca supo quien las disparo, ni quien acciono el gatillo de los varios fusiles que se usaron para el vil asesinato, se asesino el intelecto y lo mejor del oriente guatemalteco cuando aquellos dos hombre valientes cayeron... no saben ustedes como me duele el alma al escribir esto y como duele el querer saber si en verdad mi padre fue “el viejo guerrillero” acusado por la propia familia y traicionado.
¡Maldita traición! ¡Y malditos los que traicionan!!
¿Las balas las disparo el abuelo de mi madre? ¿Las disparo la traición de que somos simples objetos en manos de títeres inútiles y malditos?.
Te perdí para siempre querido viejo guerrillero, pero me legaste lo que llevo dentro y eso no lo podrán matar, me legaste el intelecto, la pluma con que escribo, y los de hombre bien puestos, pero ellos, los que están allá en su alegría, no recuerdan a aquel niño rubio que creció sin tu guía y que llego sin quererlo, a sentir admiración por el padre que nunca tuvo y por aquel que llego a ser el máximo líder de las huestes revolucionarias del mundo.
Te quiero viejo guerrillero, te extraño y aunque mi madre aun vive y me relata muchos pasajes de tu vida y de tu causa, la luz grande del cielo baja allá cada cuando y se posa dentro de mí para poder escribir y hacer vivir tu espíritu, tu fuerza y tu valentía, Guatemala cada día va de mal en peor, porque un ejercito asesino destruyo la vida, el intelecto y a muchos hombres como tu y ¿Sabes que? Yo también repito tus palabras constantemente “siempre habrán patriotas y hombres que luchen por la libertad”.
Cuando algún día la violencia deje de ser pecado, los hombres que se sientan en la mesa de los manjares habrán vencido, porque nos mataremos unos a otros sin el mas mínimo respeto por la vida y los valores que representa.
El ave maría de la política dejara en libertad a la violencia y la iglesia vivirá muerta y de brazos extendidos buscando donde fallo y en la lejanía, allá, en el cosmos indefinido, el discurso patriótico y efervescente se dejara oír por aquellos que lucharon por hacer de este país, un país sin distingos de clases y de lucha común.
Querido viejo guerrillero! Asesinaron tu cuerpo, pero no tu intelecto, lo legaste en mi y en muchos que viven en la lucha de asignar en cada letra, una voz de protesta por un país mejor.
GP/05
Guillermo Peraza
Dedicado a los recuerdos de mi padre.